viernes, 12 de febrero de 2016

Un despiste muy simpático: segunda parte

¡Saludos Letrilers! Tal y como os dice la semana anterior hoy os voy a dar a conocer la segunda parte de mi relato. Espero que sea de vuestro agrado :)

Andrea se sobresaltó cuando el sonido del timbre llegó a su cabeza. Había estado a punto de dormirse por segunda vez en clase de historia, algo que ella quería evitar que pasara, puesto que aunque no necesitase prestar mucha atención en dicha clase, podrían llamarle la atención por ello.  Empezó a recoger las cosas y se jactó de que su amiga Lorea le esperaba en la puerta, lista para volver a clase.

Mientras volvían a clase, Andrea observó que el pelo pelirrojo de Lorea había adoptado un tono anaranjado, debido a los múltiples rayos de sol que se colaban por las diversas ventanas de los pasillos que conducían a su destino.

En cuanto llegaron a su clase, Andrea sacó el material necesario para la siguiente clase: la clase de lengua. Lorea, en cambio, había pasado de preparar las cosas, puesto que prefería estar en el pasillo, cotilleando sobre las personas que tenía a su alrededor y Andrea, poco después se unió a ella, mientras Lorea le decía:

-No entiendo esa manía tuya de sacarlo todo antes de que venga la "profe", total nadie lo hace y no pasa nada

-A mi no me importa lo que haga la gente, simplemente lo hago porque lo creo conveniente, me da igual lo que la gente piense al respecto.

Se hizo silencio entre ellas. Andrea odiaba esa parte de la manera de ser de Lorea. No podía estar constantemente pensando en lo que los demás hicieran ahora o hiciesen luego, puesto que en su opinión cada uno debía hacer lo que creía que era correcto, dejando a un lado la opinión de los demás.

Unos minutos después, la profesora apareció por el pasillo, dirigiéndose a la clase de Lorea y Andrea. Éstas, viendo que se acercaba, se metieron en clase y se sentaron en sus respectivos sitios, listas para recibir la clase.

La profesora entró al aula y, una vez preparado todo, comenzó la clase. A Andrea las clases de lengua se le hacían bastante eternas, puesto que la literatura no era algo que le interesase demasiado. Comenzó a mirar a su alrededor, en busca de algo interesante que contemplar, pero no encontró nada inusual. Pasaron las milésimas, los segundos, los minutos, hasta que solo faltaban cinco minutos para que la clase llegara a su fin. Entonces, la profesora se puso en medio del aula y anunció:

-Como sabéis el cuaderno vale un punto de la evaluación, por lo que voy a llevármelos ahora para poder calificarlos con la puntuación que merecen.

A Andrea la preocupación le invadió el cuerpo rápidamente. Como los exámenes de la primera evaluación iban a ser la semana siguiente, no pensaba que fuera a recoger los cuadernos ese día, y menos sin avisar previamente, por lo que tenía gran parte del cuaderno en su casa para quitar peso de su carpeta, puesto que con tanto papel llegaba a pesar bastante.

Cuando la profesora se acercó a su mesa para recoger el cuaderno, ella le explicó su situación a la profesora:

-Resulta que tengo parte del cuaderno en casa para aligerar el peso de mi mochila, pero mañana lo traigo sin falta

-Pero puedes hacerlo hoy en casa y entregármelo mañana como si su contenido se hubiese ido rellenando durante el trimestre- viendo la cara de estupefacción de Andrea, se lo explicó de otra manera-lo que quiero decir es que no tengo la certeza de que me estés diciendo la verdad, por ello será mejor que me entregues lo que tienes del cuaderno para que lo califique.

Andrea no podía creerse lo que le había dicho la profesora ¿Como que no podía tener la certeza de que estuviese diciendo la verdad sabiendo lo responsable que soy ? A Andrea no le entraba en la cabeza y decidió insistir:

-¿Y si traigo un justificante de mis padres en el que ponga que yo ya tenía hecho el cuaderno?

-Los padres justifican cualquier cosa con tal de que sus hijos saquen buenas notas.

Sonó el timbre y se fue del aula, llevando consigo las pocas hojas que Andrea tenía en su carpeta. Tenía que solucionar el problema como fuese, pero ¿Cómo? Era la pregunta a la que tenía que buscar respuesta. Sabía que Lorea no podía dejarle su móvil para mandarle un mensaje a su madre, debido a que no tenía saldo, por lo que tenía que buscar otra manera. Al instante una idea le vino a la mente y se fue a la clase 1.A.

Aquí acaba la segunda parte ¿Os ha gustado? ¿Tenéis ganas de la última parte? Escribirlo en los comentarios :)