martes, 20 de septiembre de 2016

Relato de inspiración musical #3: El árbol

¡Saludos Letrilers! ¿Cómo fue la semana pasada? He estado un tanto liada, de un lado a otro y por ese motivo no publiqué nada, me tengo que organizar mejor para prestaros la atención que os merecéis. Hace tiempo que no escribo un relato en el blog y hoy me encuentro inspirada, por lo que aquí lo tenéis. Espero que os guste :)


EL ÁRBOL

Una mañana cálida. Un campo de trigo. Unos pájaros cantando. Allí me encontraba yo, dibujando el árbol que tenía enfrente, intentando captar su espíritu, su vida interior. El dibujo estaba prácticamente acabado, ahora tocaba darle color, aportarle alegría. Empecé con un verde plano, casi antinatural, pero me di cuenta de que de esa manera no estaba reflejando el asombroso ejemplar que tenía delante. Empecé a mezclar el verde con el blanco. No era suficiente, le faltaba algo, una chispa. Le añadí un poco de amarillo y entonces lo vi: ese era el color que estaba buscando.

Después de percatarme de que mezclando los colores me había manchado mi vestido blanco, me dispuse a pintar. Empecé con trazos inseguros, imperfectos, hasta que poco a poco el pincel se fue apoderando de mi mano, pintando líneas a diestro y siniestro, perfilando las hojas, rellenando los huecos; pero no acabó allí. Empecé a mezclar el verde con el azul, el azul con el blanco. Era el color ideal para pintar un río, una corriente de agua fuerte y poderosa. Decidí ponerlo al lado del árbol y acabé de retocar el fondo.

De improvisto, algo cambió. Me di cuenta de que el agua del dibujo se movía, tanto que incluso unas gotas mojaron mi pelo castaño. Empezó a correr el aire y las hojas del árbol se movieron. Empezaron a caer las hojas y los pájaros salieron volando. Empezó a irse el sol y la luna entró en escena. La naturaleza seguía su curso. No se podía detener.

La luna, perversa por naturaleza, encantadora para los mortales, me susurró que fuese con ella. Era un susurro envaucador, hechizador, irresistible. Acerqué mi cara al dibujo, poco a poco, sintiendo el viento cada vez más cerca. La página empezo a absorver mi pelo, mi barbilla, mi nariz, mis ojos...

La luz desapareció y dio paso a la oscuridad. El árbol, la luna y el río ya no se encontraban allí.

El sol no tardó en iluminar la estancia. Era el cuarto de una adolescente de quince años. Me senté en la cama y pensé "este sueño ha sido increible". Me miré al espejo y vi una mancha verde en mi camisón blanco.

Hasta aquí el relato, ¿os ha gustado? Espero tener tiempo para más, contestaré los comentarios lo más pronto posible :)